Nada seca tanto la inteligencia como la repugnancia a concebir
ideas oscuras.
Para quien haya respirado la Muerte, ¡qué desolación el
olor del Verbo!
Más que un error de fondo, la vida es una "falta de gusto" que ni
la muerte, ni siquiera la poesía, logran corregir.
La filosofía sirve de antídoto contra la tristeza. Y hay quienes
creen aún en la profundidad de la filosofía.
Aunque pudiera luchar contra un ataque de depresión, ¿en nombre de
qué vita
lidad me ensañaría con una obsesión que me pertenece, que me
precede?. Encontrándome bien, escojo el camino que me place; una vez
"tocado", ya no soy yo quien decide: es mi mal. Para los obsesos no existe
opción alguna: su obsesión ha elegido ya por ellos. Uno se escoge cuando
dispone de virtualidades indiferentes; pero la nitidez de un mal es superior a
la diversidad de caminos a elegir. Preguntarse si se es libre o no: bagatela a
los ojos de un espíritu a quien arrastran las calorías de sus delirios. Para él,
enzalzar la llibertad es dar pruebas de una salud indecente.
¿La libertad?. Sofisma de la gente sana.
¿La libertad?. Sofisma de la gente sana.
Si apenas he obtenido ideas de la tristeza, es porque la he amado
demasiado para empobrecerla ejercitándome en ella
Somos todos unos farsantes. sobrevivimos a nuestros
problemas.
Sufrimos: el mundo exterior comienza a existir...; sufrimos
demasiado: desaparece. El dolor lo suscita únicamente para desenmascarar su
irrealidad.
Cuanto más difuso sea el objeto de una pasión, mejor ella nos
destruye; la mía fue el Hastío: sucumbí a su imprecisión.
La fe, la política o la violencia reducen la desesperación; por el
contrario, todo deja intacta a la melancolía: ella sólo podría cesar con nuestra
sangre.
En un mundo sin melancolía los ruiseñores se pondrían a eructar.
Gracias a la melancolía -ese alpinismo de los perezosos-,
escalamos desde nuestro lecho todas las cumbres y soñamos en lo alto de
todos los precipicios.
Si alguna vez has estado triste sin motivo, es que lo has
estado toda tu vida sin saberlo.
La tristeza: un apetito que ninguna desgracia satisface.
Oriente se interesó por las flores y el renunciamiento. Nosotros
le oponemos las máquinas y el esfuerzo, y esta melancolía galopante -último
sobresalto de Occidente.
Vivo únicamente porque puedo morir cuando quiera: sin la
idea del suicidio, hace tiempo que me hubiera matado.
El deseo de morir fue mi única preocupación; renuncié a todo por
él, incluso a la muerte.
Dejad de pedirme mi programa: ¿Acaso respirar no es uno?.
Si exprimiéramos el cerebro de un loco, el líquido obtenido
parecería almíbar al lado de la hiel que segregan algunas tristezas.
Sin la esperanza de un dolor aun mayor, no podría soportar éste de
ahora, aunque fuese infinito.
Refutación del suicidio: ¿No es inelegante abandonar el mundo que
tan gustosamente se ha puesto al servicio de nuestra tristeza?.
Sólo se suicidan los optimistas, los optimistasque ya no logran
serlo. Los demás, no teniendo ninguna razón para vivir, ¿por qué la tendrían
para morir?.
¿Superará el hombre algún día el golpe mortal que le ha dado la
vida?.
Creo en la salvación de la humanidad, en el porvenir del cianuro.
Mi avidez de agonías me ha hecho morir tantas veces que me parece
indecente abusar aún de un cadaver del que ya nada puedo sacar.
Quien teme perder su melancolía, quien tiene miedo a superarla,
con qué alivio constata que sus temores no tienen fundamento, que ella es
incurable...
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