Pese a las desavenencias en el grupo y a la subrepticia ausencia de la musa Obregón, la jornada pudo llevarse adelante sin complicaciones, a excepción de una acalorada y virulenta discusión al seleccionar la bebida, cuando los diversos frentes se perfilaron pro-whisky, pro-champagne, pro-vino y pro-cerveza. Pese a que los argumentos fueron seductores por todos los flancos, finalmente triunfó la facción pro-champagne, que llegó en un colorido balde que le añadió un cariz infantil y reciclable a la velada.
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