Siempre nos parecio necesario tener como grupo un manifiesto, una concepción de Literatura que nos una. Creo que esa idea (lo estuve meditando y pensaba llevarlo a colación en la próxima reunión) es el concepto de Literatura como exorcizante. Escribir para purificar. Esto no es nada nuevo, claro, un poco es lo que decía ya Aristóteles en su poética cuando hablaba de catarsis, con la pequeña pero importantísima diferencia de que él la veía en la relación del texto con el lector y nosotras (miembros fundantes al menos) en la del autor con su creación. Escritura libertaria, que le dicen pero no en un sentido político como la frase sugeriría... al menos no solamente...
Escribir para sangrar, escribir llorando o cantando, escribir lo que nos asusta de nosotros mismos y lo que nos impulsa a seguir circulando por la vida a veces como autómatas. Escribir de manera bretoniana y vomitiva...
Me acuerdo de haber leído tantas veces la concepción moderna de escritura, que rechazo de plano. "Es un trabajo más". García Márquez, premio nóbel, hablando de su rutina de trabajo. Algo así como levantarse a las siete de la mañana con el despertador, salir a correr, cagar, escribir dos horas, ir al supermercado. Será por eso que sus libros pueden estar bien escritos, pero no me mueven un pelo.
Si escribo algo es porque lo TENGO QUE ESCRIBIR. Para mi la literatura es algo más visceral; que se queden en los estantes esos libros sesudos y fríos, denme una buena novela de Victor Hugo o Stendhal. Denme "La Muerta Enamorada" de Téophile Gautier. La desesperación de Poe y la angustia de Hoffmann.
Esta es al menos mi posición, espero comentarios de mis colegionarias. He dicho.
No hay comentarios:
Publicar un comentario